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Seminario: “Samuel Beckett: Teatro y transferencia escénica”
Prof.: Laura Cerrato
El monólogo que perdió su afijo
Nicolás
Saraintaris
LU: 30.706.198
nicossaranta@gmail.com
El lenguaje es el látigo con
que se fustigan los hombres mutuamente para el trabajo. Cada cual es
corchete y vasallo. El que no lleva el látigo y no grita bajo sus
golpes, se llama perro mudo y malhechor y será descartado.
Mauthner, F.
Diccionario de Filosofía.
Intenta otra vez. Pierde
otra vez. Pierde Mejor.
Hay algo perverso en
reescribir a Beckett,
algo oscuro, abismal, la amenaza de una caída recurrente y progresiva,
eterna a su manera: desde un gris cualquiera a un negro que no acaba de
cuajar.
La cita de Wostward Ho cifra una
actitud ante la escritura (y ante el decir) que se escalona con aquella
otra referencia de los “Three Dialogues”
(with Georges Duhuit), que “B.” proyecta
a la pintura de Tal Coat:
The
expression that there is nothing to express, nothing with which to
express, nothing from which to express, no power to express, no desire
to express, together with the obligation to express.
Imposibilidad y compulsión cifran el acercamiento
beckettiano al comment dire: lo intentará y fallará cada vez otra
vez, en cada autotraducción, cada reversión y cada reescritura. Fallará
cada vez otra vez. Y mejor; como una asíntota que busca su curva. Así,
será esta persistencia lo que lo lleve a buscar de
continuo, with some exceptions; a dejar abierto, unfinished,
el universo de su obra.
...para el lector atento las bastardillas pueden
resultar ominosas... groseras en su redundancia... pero, ¿quién habla
cuándo hablo?...
El monólogo de Lucky,
aquella bella pieza de orfebrería posmoderna (avant la lettre),
reproduce fractalmente las problemáticas estético-filosóficas que
acuciaron, acucian y acuciarán a cada Beckett particular.
Como fractal, reproducirá a escala determinada conformación de un todo
imposible en tanto cambiante; como fractal, fracasará cada vez otra vez.
Dos matrices temáticas
recorren el monólogo de Lucky: la ciencia y la filosofía. Recorreré
sucintamente la segunda
y propondré una tercera algo monstruosa (¿será siempre el tercer término
una ficción?): la lectura del monólogo de Lucky a la luz del proyecto
husserliano de una verdadera prima philosophia (Husserl retoma
así al también visitado por Beckett, René Descartes).
A partir de una verdadera epojé trascendental, el autor de
Meditaciones cartesianas
perderá el mundo y sus convicciones tras aplicar la duda metódica
(cifra de la reducción fenomenológica) para alcanzar así el ego
trascendental, base apodíctica para la constitución del saber: Pierde
otra vez. Pierde
mejor... “alas alas on on the skull the skull the skull the
skull [...]”.
Existe un aspecto en el proyecto
husserliano que me interesa particularmente y trataré con mayor detalle:
la constitución del alter-ego a partir del ego trascendental (génesis
intramonádica), idea que me permitirá apoyar cierta lectura posmoderna
de la obra beckettiana (Jameson y la esquizofrenia) y, consecuentemente,
problematizar la pertinencia del monólogo (y su etimología) así como de
los pronombres personales y el paradigma que constituyen.
Entonces, el monólogo en cuestión.
No detendré aquí mi análisis. Como cada yo un yo distinto, el monólogo
de Lucky se inscribe en el mundo de la dramaturgia y su representación
distinta cada vez. El carácter efímero de cada representación y las
características de la memoria me han convencido de que, para lograr los
resultados pretendidos, resultará mejor trabajar con material filmado.
Esta decisión ha sido reforzada por el carácter particular del monólogo
de Lucky: concebido como una tirada casi vomitada, el material filmado y
las tecnologías de reproducción me permiten una iteración
cuasidemiúrgica (otra vez con solamente apretar algunos botones: fiat
lux again). Ha sido así que me he decidido por la interesante
performance de Alan Mendell en la versión en inglés de Waiting for
Godot, de 1988, del proyecto Beckett directs Beckett. Teatro
filmado, este monólogo en particular permitirá la apertura en nuevas
direcciones para el análisis del monólogo y su condición fundante:
¿quién habla cuando habl-o?
Tal vez no poda-mos responder a la pregunta, tal vez no tenga-mos con
qué, pero sin duda senti-mos la obligación de expresar-nos. ¿Y quién es
este “nos”? Tal es la pregunta que nos guiará qua
pregunta.
[...] since the death of
Bishop Berkeley [...]
El monólogo de Lucky, extensa tirade ubicada
hacia el final del Primer Acto de Waiting for Godot, representa
el parlamento más extenso de la obra. Categorialmente se lo define como
monólogo por dirigirse hacia otro personaje o grupo de personajes
(Pozzo es quien le da la orden de “pensar”
a Lucky: junto al primero, Estragón y Vladimiro serán los alocutarios
inmediatos de un nuevo espectáculo para hacer pasar el tiempo muerto de
la espera). Sin embargo, monólogo que no soliloquio, este tipo de
división alude a una definición que difumina sus bordes en la misma
problematización del concepto:
Los no diálogos,
monólogos y soliloquios, son natural y doblemente dialógicos: primero
porque suponen, por el hecho de que son teatrales, un alocutario
presente y mudo, el espectador; diálogos, después, porque conllevan casi
necesariamente una división interna y la presencia, en el interior del
discurso atribuido a tal locutor, de un enunciador ‘otro’.
Aquí nos encontramos con la anatemización del
monólogo en tanto tal: la presencia en el interior del discurso de un
enunciador “otro”... Entonces, ¿existe el monólogo? ¿Quién habla cuando
habl-o? Como he afirmado en el apartado anterior, ésta será la traza que
seguiré en el análisis del monólogo
de Lucky como estructura fractal (cifra a escala tal vez) de una
búsqueda beckettiana.
“[...] since the death of Bishop
Berkeley [...]”
¿Quién habla entonces cuando habl-o? La clave para comenzar a analizar
este problema la encuentro en el principio de Berkeley fosilizado en la
consigna esse est percipii.
Leo el parágrafo 2 de su Tratado sobre los principios del
conocimiento humano:
Pero además de toda
la interminable variedad de ideas u objetos de conocimiento, hay
asimismo algo que conoce o percibe dichos objetos y ejerce diversas
operaciones como las de querer, imaginar, recordar acerca de ellos. Este
ser perceptivo y activo es lo que yo llamo mente, espíritu,
alma o yo. Mediante estas palabras no designo ninguna de mis
ideas, sino una cosa enteramente separada y distinta de ellas, en la que
ellas existen o, lo que es lo mismo, por la que ellas son percibidas;
pues la existencia de una idea consiste en ser percibida.
Yo: una cosa distinta separada de mis ideas.
¿Y existo yo? El yo, según Berkeley, es algo más, algo que percibe; pero
también es, por determinada “señalación”, un alma afín para otra alma.
Pero, de nuevo, ¿existo yo? ¿Quién me percibe, quién percibe a mi yo?
Olvidado Dios como “la Mente Eterna e Invisible que produce y sostiene
todas las cosas”,
la duda persiste. Sin este ser que sostiene todas las cosas (y percibe
todas las cosas, árbol caído incluido), ¿existo yo? La escritura
beckettiana llena el hiato abierto por la muerte de Dios con la
recursión del qua: en tanto existo yo, yo existo. Mientras
hable/piense, existo. El problema es pronominal: soy consciente de mi
vida, y si dejo de prestar(le/me) atención, mientras deje de auto-percibirme,
la noche cae, la muerte acaece, the skull, the skull...
Pero mientras hable, mientras sepa que habl-o, viviré el instante sin
tiempo de una deixis asintótica (ni aquí, ni ahora, ni yo; al menos, no
todavía).
[...] quaquaquaqua [...]
Entonces, siguiendo la traza de
nuestro análisis, ¿cómo saber que existo si no existe ese alguien (otro)
que me perciba y garantice mi esse?
“[...] God quaquaquaqua with white
beard quaquaquaqua outside time without extension who from the heights
of divine apathia divine athambia divine aphasia loves us dearly with
some exceptions [...]”
Sin Dios (ya sea por su muerte o por una suerte de coma
indefinida más allá de la res extensa: afásico, apático y atámbico),
yo no sé si exist-e. ¿Quién dice yo y quién existe?
Ante estas preguntas, propongo la lectura del
monólogo de Lucky (recordemos: un tipo de estructura que entiendo
fractal
de la obra beckettiana) a partir del proyecto husserliano de una
verdadera prima philosophia: la fenomenología trascendental. Este
proyecto, delineado en la serie de conferencias recogidas en el libro
Meditaciones cartesianas, recupera la visión de Descartes acerca de
la constitución de una base apodíctica a partir de la cuál erigir el
saber del hombre (más allá de toda duda, un yo que duda): una pre-ciencia
(y paradójicamente presciencia) y una pre-filosofía que
funcionará como principio absoluto del todo detrás (y por delante).
Independientemente del optimismo que destila este tipo de planteamiento
(y tal vez haciéndome eco de las misreadings filosóficas que
apuntara Bloom), observo en la constitución del ego trascendental
husserliano y en la apercepción del otro, “una suerte de” clave de
lectura
para esbozar teóricamente la pregunta detrás del monólogo y la
autopercepción como garantía de existencia: ¿quién habla cuando habl-o?
¿Qué representa el “mono” del monólogo?
Husserl afirmará que luego de perder el mundo y sus
convicciones (la puesta entre paréntesis, epojé, de todo aquello de lo
que no podemos dejar de dudar), alcanzamos el ego trascendental, base
apodíctica (tipo especial de indubitabilidad) de cada ego psicofísico
particular. Hacia la quinta y última meditación, el mismo Husserl (o su
doble narrativo) se pregunta: “Cuando yo, el yo que medita, me reduzco
mediante la epojé fenomenológica a mi ego trascendental absoluto, ¿acaso
no me he convertido en el solus ipse?”
Tal pregunta lo conducirá a la constitución del “otro” en el mismo ego
trascendental (en tanto mónada) para justificar la existencia de otros
egos —y otras instancias de yo psicofísicos. Así, hacia el interior de
mi mónada, a través de la constitución de un alter-ego intramonádico
(ego y alter-ego dados siempre y necesariamente en “parificación”
originaria),
introduce el concepto de apercepción asemejadora (análoga hasta cierto
punto con el concepto de “señalación” de Berkeley, ver nota 21):
Como en esta
naturaleza y en este mundo mi cuerpo vivo es el único cuerpo físico que
está —y que puede estarlo— constituido originariamente como cuerpo vivo
(como órgano que actúa), ese cuerpo físico de allí, que está sin embargo
aprehendido como cuerpo vivo, tiene que poseer este sentido por una
transferencia aperceptiva a partir de mi cuerpo vivo, y en un modo,
además, que excluye la comprobación realmente directa —y, por tanto,
primordial—, la comprobación por percepción auténtica de los predicados
de la corporalidad viva específica.
Entonces, el “otro” surge a partir de una apercepción
asemejadora (y una “apresentación”; según Husserl, el
hacer-consciente-como-compresente)
basamentada en la parificación originaria: ego y alter-ego
intramonádicos. Pero, ¿en qué se apoya la división conceptual entre ego
y alter-ego referida, hacia el interior de la mónada?
El subsuelo de la
percepción auténtica nos lo ofrece la percepción —en continua
prosecución y ordenada en el marco universal de la autopercepción del
ego— del mundo primordialmente reducido, en la estructura que hemos
descrito arriba. [H. refiere a la estructura de la apresentación].
Percibirse a sí de continuo, dar prueba de que existe
el otro, ¿ese otro soy yo? El análisis del monólogo de Lucky a partir de
la propuesta husserliana ilumina ciertos aspectos del análisis mismo del
monólogo en tanto concepto (el decir, el ser) y el problema más general
del yo (si es que existen los problemas). Auto-percepción de continuo y
recursión (qua): garantías de existencia y esquizofrenia.
[...] the practice of sports
such us [...]
El yo qua yo, es decir, como otro (¿recusación
lógica de la base de la misma lógica —el principio de identidad, A es A—
o llamamiento a una nueva lógica —nueva forma tal vez) me conduce (en
esta traza filosófica como prolegómeno necesario al análisis particular
del monólogo de Lucky en el Waiting for Godot del Beckett
directs Beckett —nueva huella de la recursión y auto-percepción) a
la breve mención de la esquizofrenia como índice conceptual de cierto
análisis (Jameson) ligado al fenómeno de la posmodernidad:
Jameson referirá a la descripción lacaniana de la esquizofrenia (la
ruptura de la Cadena Significante) como “un modelo estético muy
sugerente”.
Este modelo de estudio le permite al autor analizar algunas cuestiones
centrales en nuestro propio análisis:
imposibilidad de constituir el yo a lo largo del tiempo
e imposibilidad de constituir significados.
“[...] the practise of sports such
as tennis football running cycling swimming flying floating riding
gliding conating camogie skating tennis [...]”
Lucky, el yo que habla porque se le ordena que piense, vomita un largo
texto en el que la estructura de frase es amenazada hasta cierto punto
(todavía con retorno; veremos en el apartado siguiente que en la
performance del texto, el actor recurrirá a la conformación sintagmática
para poder decir su parlamento, hecho que si bien el texto no prohija,
tampoco proscribe). Lucky, en un aparente sinsentido, dice un sentido
otro, un sentido que le llega desde su conformación esquizoide
originaria, el yo como otro yo que me percibe y me garantiza la
existencia como mero presente (el esquizofrénico pierde la noción de la
fluencia temporal, la dimensión se aplasta).
Así, como fractal beckettiano, el monólogo de Lucky
reproduce en escala este tipo de escritura esquizoide
(consecuencia de la muerte o coma del God quaquaquaqua): esquizo
de base y nunca el mismo, el yo beckettiano es el yo de un monólogo sin
nombre (como Mauthner, heredamos una lengua que no es la nuestra,
tirana detrás del látigo que obliga a pensar/hablar), un monólogo que
perdió y perderá su afijo, cada vez otra vez, en la voz de un yo que
difiere.
Beckett directs Beckett:
el Godot de la recursión
La traza filosófica que he propuesto para acercar a
una teorización posible de la condición del monólogo de Lucky como
problema
(¿quién habla cuando habl-o?), adquirirá un sentido complementario
cuando fracase en el análisis de un monólogo en particular —y así,
gracias a la iteración teatral, fracasar otra vez y mejor—: el monólogo
que actuará (quitando potencial en una nueva catástrofe) Alan Mandell
como Lucky para el Godot del Beckett directs Beckett.
La recursión, como una nueva vuelta de tuerca,
reincide: aún cuando Walter Asmus dirigirá la versión filmada de este
nuevo Waiting for Godot
del Beckett directs Beckett,
Beckett
asked that the taping take place in Paris so that, as he said, he could
keep an eye on things. In short, Beckett's was the creative vision which
moved the whole enterprise. Walter Asmus and Alan Mandell, the nominal
television directors for the series, were perfectly content to act as
the guarantors for Beckett's directorial vision.
Beckett sobre Beckett, yo qua yo, la recursión
se constituye como una traza posible a seguir en el dédalo del teatro
beckettiano: un laberinto ideal reconstruido en cada nuevo escenario y
encarnado en cada nueva puesta en escena. Aquí, quienes encarnarán el
Texto (cuerpo plural de potencialidades),
serán los actores Lawrence Held, Bud Thorpe, Alan Mandell, Rick Cluchey
y Louis Beckett-Cluchey como Estragón, Vladimiro, Lucky, Pozzo y el
“muchacho”, respectivamente. Me quedaré, por motivos ya obvios, con la
performance de Mandell (aunque recurriré a referencias cruzadas a los
otros “cuerpos” en escena) en un monólogo que transcurre, desde el “Think!”
definitivo (imperativo y exclamado) de Pozzo hasta el “Avenged”
proferido por Estragón (que sucede al colapso de Lucky), en cuatro
minutos y cuarenta y dos segundos (maravillas de la moderna iteración
con “lo multimedia”). En estos cuatro minutos y cuarenta y dos segundos,
el interesante Alan Mandell actuará el texto con la gallardía
elegante de quien sabe que finalmente va a caer, poniendo, como quien
dice,
“el cuerpo a las balas”.
Lucky/Mandell comenzará el monólogo con un gesto
teatral (cuál no lo es) de su mano izquierda, barriendo el aire sobre sí
hacia su flanco derecho y luego de vuelta a su posición original, para
acompañar una voz que organizará su discurso de manera “sintagmática”
bajo un ritmo pausado: “Given”... “the existence”...
“as uttered forth”... “from the public works”... “of Poinçon [...] and
Wattman”...
Hasta aquí, verboide y complemento, comparativa más
circunstancial y estructura especificativa (cruza de doxas lingüisticas;
puns a un lado de momento) acompañadas de excelente dicción y (como
hemos visto) de un gesto teatral de una lentitud luminosa (la lentitud
suele asociarse a la claridad y buena factura; la velocidad, al genio
desaforado —y si es luz, enceguece). Desde aquí, una proferencia clave:
“a personal god quaquaquaqua”. La mención de este “dios personal”
produce un ligero cambio en la que se constituirá en la marca del
tempo de la performance por venir (la aceleración). El quaquaquaqua
original, proferido luego de un giro de la cabeza del Lucky/Mandell
hacia su derecha (y casi como si se tratara de un percutor de
ametralladora caído en loop de balacera), corta el aire pretendidamente
clarificador del monólogo (estructuras torpemente “retóricas” y voz
clara); el segundo quaquaquaqua, proferido hacia su izquierda,
reintroduce la noción de simetría que permite “significar” nuevamente
pero, al mismo tiempo, preludia la descripción comatosa del dios
—apático, atámbico, afásico— (acompañada por movimientos espasmódicos de
las manos del Lucky/Mandell, de pequeños pasos hacia adelante y de un
comportamiento mirada/ojo —intensificación y “relajamiento” de lo uno;
apertura, parpadeo e intermitencia en el show-off del globo ocular de lo
otro) para instalar definitivamente la idea de un monólogo acelerado y
presuntamente
caótico.
Luego de esta secuencia inicial, Alan/Mandell
procurará actuar (ponerle el cuerpo al Texto) en una relación ya no de
tipo expositivo sino demostrativo (si la claridad al comienzo era
elocutiva, ahora virará al campo de la exemplificatio, donde el
texto y el cuerpo acercan su curva asintótica bajo la fórmula del
“significado”): “for reasons unknown” y “but time will tell” son los dos
sintagmas que se empapan más firmemente del cuerpo y su fluencia: el
movimiento de manos en un gesto universal de desconocimiento exuda un
sentido ya contenido en la primera frase que devendrá estribillo
(salvavidas lanzado a una imago de público que flotará a la
deriva por algo menos de cuatro minutos de discurso acelerado y
yuxtaposición esquizoide, con la cadena significante si no rota, al
menos estirada hasta un punto de casi no retorno); la segunda frase,
a(com)pañada por un gesto perentorio (a la vez último, indiscutible y
apremiante) es dirigida explosivamente hacia el espacio ocupado por
Vladimiro y Estragón (“But time...”) y el gesto lentamente transformado
en una mano que generaliza alocutarios (“...will tell”) en una barrida
que pareciera abrir el abdomen de la universalidad con la
indubitabilidad del enunciado (ya en estribillo, el “but time will tell”
se convertirá a la vez en un agente relativizador y en un sintagma
reconocible en la tempestad del discurso).
A partir de aquí, Lucky/Mandell parecerá flotar sobre
un pequeño tronco en aguas turbulentas (el cuerpo, resabio de una danza
terrible tal vez, y posesiva cual red, recurrirá a una suerte de slow
motion que destacará por contraposición la aceleración del discurso, la
dicción amenaza por la velocidad y la sucesión desatada del
significante). “Blast hell to heaven” instaurará la siguiente pausa en
la que la señalación (“hell” hacia abajo; “heaven” hacia arriba),
amainarán la tormenta. Luego, “so blue”, “still”, “and calm”, “so calm”,
“with a calm” representan en la performance de Lucky/Mandell un refugio
en el gesto claro (las manos apuntando hacia arriba bajan lentamente en
un movimiento circular que las aleja al punto de máxima distancia del
norte —este y oeste, ángulo llano, “el grado cero”— como queriendo
capturar al que por metonimia —color-colorido— representa; un pequeño
movimiento de hombros que prefigura una danza del disfrute —ojos
cerrados en goce y rictus casi-sonriente). Este refugio dura poco, el
espejismo se adivina en la aceleración todavía contenida en el nivel
significante del “but not so fast”, aunque ya se halla, ahora sí (y
cuándo ahora no) definitivamente desatada.
Lucky/Mandell, en una performance donde el
virtuosismo es la norma, regalará aún algunos elementos para
salvaguardar la “comatosa”
legibilidad del espectáculo (el aspecto comunicativo de los clásicos):
un buen ejemplo es la forma de dicción utilizada en el lexema “crowned”,
donde la Voz multiplicará una vibrante simple acompañando el cuerpo un
movimiento de cabeza para ligar a distancia el quaquaquaqua de la
recursión: ¿no es Lucky/Mandell, el yo qua yo (Beckett directs
Beckett), la imago moderna del peligro de un metalenguaje
infinito (un abismo hacia arriba)? ¿No es Lucky/Mandell una máquina que
se traba, una computadora que se cuelga, un flipper que se tilda? “Quaquaquaqua”,
“Crrrrrrowned”, “Acacacacademy of Anthropopopometry”... Esta cadena (ya
suelta o casi) es la imago de la máquina que en el loop no
encuentra salida y que, tal vez, representa el devenir moderno de la
“aporía” del yo que se percibe.
Así, aporéticamente, Lucky/Mandell le pone su cuerpo al reverso de la
aporía
(sólo hay camino).
La traza de la recursión puede ser continuada en el
dédalo dramático conformado por el texto y el cuerpo: Lucky/Mandell
recaerá en otros tics que pueden ser alineados bajo un rótulo similar:
la repetición de unidades lexemático-funcionales (la una con carácter
expresivo casi exclusivamente; la otra con lo que algún teórico
denominó “significado funcional”); me refiero, ahora sí, al “alas” y al
“on”. Lexemas dados en parificación, Lucky/Mandell los casi grita con un
énfasis que no puede más que apuntar al hecho enfático de por sí: la
exclamación misma. La interjección “alas” la pronuncia con
desgarramiento dado por la duplicación (el segundo término es el que
permite dar cuenta de la intensificación de carga dramática); el
funcional “on”, aquí se carga de significado pleno cuando Lucky/Mandell
avanza “como pisando hormigas” en una imagen que pareciera oponerse al
dios comatoso del principio.
Pero el “on”, en tanto “sobre” sin contenido —sin complemento... ¿de qué
habla-mos? (¿signo vacío?)— en la repetición adquiere su
desnaturalización.
De esta manera, la repetición no es sino otro de los elementos que ponen
en escena la recursión, la conciencia de sí luchando contra la nada de
lo natural.
Remito un último análisis sobre el Lucky/Mandell (la
fantasía del análisis no puede ser concebida sino como un acercamiento
progresivo de a pequeños pasos, pasitos de una danza —“the Net”—,
condenado a la violencia sobre un plural que no hará sino escurrirse
entre “los huecos”).
La recursión también se manifiesta en la repetición al nivel mórfico en
las enumeraciones (largas cadenas extensivas) de deportes y lugares (de
nuevo, olvido de momento los puns):
“such as tennis football running cycling swimming flying floating riding
gliding conating camogie skating tennis of all kinds dying flying sports
of all sorts” y “in Feckham Peckham Fulham Clapham namely concurrently
simultaneously”. El “ing” de la primera definición extensiva de un
término —sentido— desplazado (la enumeración es esquizoide casi en su
constitución “profunda”: dados los elementos simultáneamente, es decir,
al mismo tiempo, o, lo que es lo mismo en espéculo, sin tiempo ni
coordinantes —y aquí sin siquiera las comas matemáticas) produce un tipo
de continuidad musical que permite que el Lucky/Mandell enumere sobre un
órgano imaginario y por una vez, Held/Estragón y
Thorpe/Vladimiro parecieran contagiarse de cierto entusiasmo ante lo que
oyen; el “ham” y el “ly” de la segunda definición no hacen más que
cohesionar los lexemas y, ya en el nivel de la “denotación” (“namely
concurrently simultaneously”), definen la rotura de
la continuidad significante (abolición del tiempo frástico).
¿Qué nos queda entonces de estos apuntes sobre la
performance del Lucky/Mandell del Godot de la recursión (Beckett
directs Beckett)? Lucky/Mandell, llenando el papel con caracteres de
virtuosismo, realiza un trabajo interesante sobre el plural beckettiano:
establece algunas líneas de continuidad en lo que he leído como la traza
de la recursión que me permiten, como espectador ya extenso (y cuándo
no), sobrevivir en los mares de la aceleración y el desmadre (entiéndase
aquí psicoanalíticamente o no) discursivo: desde un comienzo
paródicamente constituido bajo el signo de la claridad (frases retóricas
de enlace) y exemplificatio corporal del texto (actuación per
se), Lucky/Mandell echa cierta luz sobre un túnel cargado de tren y
procura lo imposible: actualizar el texto en una representación siempre
insuficiente; su virtuosismo hará que me quede frente al monitor con los
controles de iteración atentos: play, review, fast
forward; el detalle, casi como hacer trampas y conocer las cartas
del otro. Lucky/Mandell se destaca, pero el monólogo no le pertenece, no
es “él” quien habla.
El monólogo de Lucky esconde
algo terrible: yo qua yo no existo: como en el Proust,
solamente existen “yoes” paralelos. Un yo ordena que piense, y otro yo
habla. Un yo quita el sombrero, y otro yo cae teatralmente. Un yo tiene
el látigo, otro yo es vengado. El monólogo no existe porque el “mono” ha
perdido el referente, un yo que para existir debe percibirse, y para lo
cual ya es otro. El yo esquizoide no es más ficción que el yo personal
(pronominal). El monólogo no existe —y una frase siempre es otra frase
(así como un epígrafe inicial no es la conclusión, aunque la ficción,
como el yo, pretenda unirlas bajo una misma traza):
La sensación tantas
veces traída en palabras, de “yo no pienso: algo piensa en mí” —esta
sensación de coacción, de fuerza, es completamente justa”.
Obras citadas
-
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London, Calder, 1983.
-
Beckett,
S. Proust, Barcelona, Ediciones Península, 1992.
-
Beckett, S, Wostward Ho, London, Calder,
1983.
-
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and Faber, 1979.
-
Berkeley, G. Tratado sobre los principios del
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-
Cerrato,
L. Beckett. El primer siglo, Buenos Aires, Colihue, 2007.
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Figueredo, C. “En busca de lo incompleto. La proyección del
pensamiento científico sobre la obra de Samuel Beckett” en
Beckettiana N° 7/8, Buenos Aires, Facultad de Filosofía y Letras,
UBA, 1999.
-
Husserl, E. Meditaciones cartesianas, México
DF, FCE, 2004.
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-
Jodorowsky, A, “La muerte del Rebe” en Lágrimas de oro, Rivas-Vaciamadrid,
H. Kliczkowski, 2005
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Libertella, H. El árbol de Saussure. Una utopía,
Buenos Aires, Adriana Hidalgo, 2000.
-
Mauthner, F. Contribuciones a una crítica del
lenguaje, Barcelona, Herder, 2001.
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Ubersfeld, A. Diálogo teatral, Buenos Aires, Galerna, 2004.
Bibliografía consultada
-
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Beckettiana N° 3, Buenos Aires, Facultad de Filosofía y Letras,
UBA, 1999.
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AA.VV.
Beckettiana N° 4, Buenos Aires, Facultad de Filosofía y Letras,
UBA, 1999.
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AA.VV.
Beckettiana N° 6, Buenos Aires, Facultad de Filosofía y Letras,
UBA, 1999.
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AA.VV.
Beckettiana N° 7/8, Buenos Aires, Facultad de Filosofía y Letras,
UBA, 1999.
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AA.VV.
Beckettiana N° 9, Buenos Aires, Facultad de Filosofía y Letras,
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Margarit,
L. Samuel Beckett. Las huellas en el vacío, Buenos
Aires, Atuel, 2003.
-
Mauriac,
C. La aliteratura contemporánea, Madrid, Guadarrama, 1972.
-
Wellwarth, G. Teatro de protesta y paradoja, Barcelona, Alianza
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Bibliografía en internet
-
AA.VV [Algunos fragmentos críticos y análisis
sobre el monólogo de Lucky]: http://www.samuel-beckett.net/Penelope/Pozzo_Lucky.html
-
Lifton, Mitchell, Beckett directs Beckett.
The Digital Critical Edition:
http://www.mith.umd.edu/beckett/
|